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martes, 4 de marzo de 2014

Una triste historia

Hablemos de la triste historia de cómo dos palabras pierden su significado para una persona. Dado que “persona” es un sustantivo femenino nos referiremos a tal término con el pronombre “ella”.
Desde pequeños nos han enseñado a pedir perdón cada vez que obramos mal, y a perdonar, ¿verdad? Pero mi observación es la siguiente: ¿por qué obramos mal? Nos pasamos la vida diciendo “lo siento”, y quien siga creyendo que no estoy en lo cierto, puede dejar de leer esto.
Bien, si sigues aquí, te lo agradezco. Así que volveré al punto anterior: ¿por qué obramos mal? Y no me refiero a cuando rompemos un vaso sin querer o nuestra madre se enfada con nosotros por no limpiar nuestra habitación. Me refiero a cuando herimos a alguien, sí, alguien con sentimientos, no somos duros como una piedra, pese a lo que algunas personas piensen.
Ella estaba cansada de oír esas dos palabras, “lo siento, lo siento y lo siento”, continuamente. Ya no les encontraba su significado inicial, se habían convertido en dos vocablos sin sentido. ¿Tuvieron un significado alguna vez? Quiero decir, bien podrían ser simplemente dos palabras que quedaban bien juntas y darle ese significado conjunto, o ¿por qué “lo” y “siento” tienen esos significados? O más bien desvaríos míos.
Lo cierto es que ella estaba acostumbrada a que le decepcionasen, es decir, a oír esos dos términos, quizá por ello le costaba tanto confiar en alguien, vivía con miedo a que ese alguien le hiciera oír ese mensaje, nuevamente.
Así fue como ella se deshizo del significado de “lo siento”, tanto daño acumulado terminó haciendo mella en su interior. Habían dejado de existir.
Ella, continuamente pensaba: “¿por qué no paran de hacerme de daño? ¿Por qué no pueden simplemente dejarme en paz?" Ellos, envenenándome con sus palabras, haciendo creer imposibles.

Nosotros, los seres humanos, siempre tendiendo a ilusionarnos con nada, desilusionándonos en cuestión de segundos.