-¿Vulcanus? –Repetí- ¿Qué clase de nombre es ese?
Arizona rio ante mi pregunta:
-Eso tendrás que preguntárselo a sus padres, en realidad su nombre es
Russell pero se hace llamar Vulcanus –sus expresión se tornó seria- Vulcanus ha
sido nombrado presidente esta misma mañana.
-¿Y qué tiene de malo?
-Nadie sabe de dónde viene, un día
apreció y se presentó a las elecciones y las ganó, seguro que con algún soborno
que otro, y tú me preguntas qué tiene de malo -sonrió irónicamente- es tu
principal enemigo, Aria. -Ante mi cara de incredulidad ella se explicó- ¿A qué
te suena: Vulcanus?
-Volcán y…fuego –es difícil de
explicarlo pero odio el fuego e incluso pronunciar su nombre.
Asiente:
-Exacto, fuego, y tú tienes una
especial conexión con las plantas y el fuego quema a las plantas, ¿entiendes
eso?
-Sí, no soy tan corta.
-¿Estás segura? -Puse los ojos en
blanco- Mira, Aria, tú no eres la única con esa conexión especial, al igual que
tú hay personas conectadas a la tierra, al aire o al agua, como yo.
-¿Súper poderes?
Se ríe:
-Ya te gustaría a ti tener súper
poderes, pero nuestro “poder”, por llamarlo así, no consiste en volar, súper
fuerza y lanzar plantas por la mano, sino en comunicarte mentalmente con tu
elemento y decirle lo que tú quieres que haga, y tal vez si se lo pides
educadamente y tienes mucha fuerza vital, te hará caso.
-Entonces, según tú, ¿yo solo me
comunico mentalmente con la Tierra y ella hace el resto?-Asiente-¿Me tomas el
pelo?
-¡Claro que no! Es normal que no te
lo creas al principio pero con el tiempo te darás cuenta de que todo lo que
digo es totalmente cierto –me mira a los ojos- no me gusta la idea de tener que
mentirte, Aria- aparté la mirada.
Después del largo silencio que se instaló entre nosotras abrí la
boca:
-En el caso de que me creyese todo
eso… ¿qué pasaría ahora?
-Te vendrías con nosotros a vivir al
subsuelo.
-Oh, genial, puedo hablar
telepáticamente con la Tierra y ahora voy a tener que vivir bajo tierra como un
topo, ¿alguna grata sorpresa más? -Pregunté irónicamente- Y además, ¿qué pasa
con mi madre?
-Tu madre está enterada de todo esto
desde mucho antes de que nacieras.
-¿Y mi padre sabía algo?
-Claro, de él heredaste tus
“poderes”.
-¿Por qué nunca me dijeron nada?
-Supongo, que por tu propia seguridad.
-¿Mi seguridad? –Apoyé la barbilla
en las rodillas- yo solo quiero que mi padre vuelva.
-Alegra esa cara, al menos tu madre sigue viva, al menos ella te
quiere -apretó los puños- no sabes la suerte que tienes.
-¿Tus padres están muertos?
-Para mí si lo están.
13 de julio de 2007
El viento golpeaba con fuerza los
cristales de las ventanas.
Una tormenta arreciaba fuera y mi padre todavía no había vuelto.
Un cielo grisáceo avisaba que esta iba a ser una larga noche.
Por aquel entonces yo solo tenía 12 años.
-Aléjate de los cristales, Arizona, es peligroso.
Hice caso omiso de mi madre. Las
crestas de las olas asomaban a lo lejos, la ciudad estaba revuelta, un hombre
con una chaqueta gris corrió a resguardarse al portal de una casa.
-¿Por qué todavía no ha vuelto papá?
–Me alejé de la ventana- ¿Le ha pasado algo?
-No te preocupes por él, –contestó mi madre con apenas seguridad-
volverá pronto.
Cogí el pomo de la puerta:
-Voy a buscarle.
-Tú no te vas a ninguna parte,
Arizona.
-No quiero que le pase nada malo a
papá –abrí la puerta y salí corriendo.
Oí a mis espaldas a mi madre gritar mi nombre, pero el viento me
trajo otras palabras totalmente diferentes dichas por mi hermano:
-Déjala, ya no hay vuelta atrás.
Apreté los dientes y luchando contra las fuertes ráfagas de viento
busqué a mi padre pero en su lugar, llegaron a mis oídos los gritos de un niño
que provenían de la playa.
La arena de la playa se metía en mis ojos impidiéndome ver con
claridad pero llegué como pude al mar, de pronto alguien me agarró del brazo y
me giró, era mi hermano:
-Vuelve a casa, esto es peligroso.
-No puedo, un niño se está ahogando, tengo que salvarle.
-¿Poniendo tu vida en peligro? Vamos, Arizona, tu vida vale más que
la de ese niño.
La discusión se alargó más de lo debido y las olas llevaron
hasta mis pies el cuerpo sin vida del niño. Mi hermano se fijó en él y esbozó
una sonrisa que no me gustó nada.
-Ese niño tenía una vida, ¿sabes? ¿Por qué no me dejaste rescatarlo?
Siempre antepones tus deseos a los de los demás, por tu culpa, ahora ese niño
está muerto –me dio un empujón tirándome a la arena- no te reconozco, Arizona.
-¡Yo no he hecho nada, has sido tú!
-¿A quién van a creer nuestros padres: al hermano mayor con los pies
en el suelo o a la hermana pequeña que nunca hace lo que le ordenan?
Lo único de lo que fui capaz de hacer fue cerrar la boca y mirarle a
la cara, no me levanté ni le planté cara:
-¿Por qué haces esto?
-Me avergüenza que seas lo que eres y por lo tanto mi hermana. Esta
ya no es tu casa, Arizona, asesina de niños.
* *
*
-Después de eso volví a mi casa, pero no me dejaron entrar.
-¿A qué se refería tu hermano con que se avergonzaba con lo que eras?
-pregunté.
-Prefiero no tener que responderte a eso, -Arizona se levantó- nos
vamos.
-¿Adónde?
-A tu nueva casa.
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